Víctor y Antonio eran dos niños que a pesar de vivir muy cerca jamás se conocieron, nunca salieron a jugar juntos con el resto de los niños que solían hacerlo en la calle. A pesar de que solo una calle dividía sus domicilios, sus padres jamás cruzaron palabra mientras ellos iban creciendo, nunca tomaban el mismo camino para dirigirse a sus trabajos o llevar a sus hijos a la escuela; eran dos familias que parecían ser iguales, ambos niños eran los primogénitos de tres hijos, la diferencia fue que a Víctor siempre le enseñaron sobre valores y amor, en cambio, Antonio creció con un padre machista y una madre sumisa de quienes aprendió a humillar a las mujeres y defender ‘su territorio’. Los jóvenes se conocieron al coincidir en el primer año de secundaria, que ninguno de los dos logró concluir.

Víctor tenía una amiga llamada María, con la cual convivió desde muy pequeño, a diferencia de la familia de Antonio, los padres de ellos se conocían, convivían y permitían que sus hijos pasaran las tardes juntos; a él le gustaba tocar la guitarra como a su padre y a ella le gustaba que él le cantara canciones, eran muy pequeños e inocentes para pensar en un noviazgo, sin embargo ambas familias imaginaban que con el paso del tiempo esa amistad se iba a reforzar hasta que ambos se comprometieran. María vivía a unas casas de dónde vivía Antonio y debido a su mal comportamiento, grosero y agresivo con las mujeres, no pudo llevar una amistad, sus padres no necesitaban decirle que no se acercara a él, ya que con sus actos, Antonio alejaba a cualquier niño.

En el año 2010, aún no había mucha información sobre el bullying, cómo prevenirlo y sobre todo cómo detectar y actuar ante este tipo de hostigamiento generado, principalmente, por niños de mayor edad hacia menores en las escuelas. Era un tema que no tenía relevancia y se trataba solo como una actitud de niños inquietos.

Los fines de semana, en casa de Víctor lo que más se hacía era ayudar a su padre con su taller improvisado en el patio de su casa para arreglar bicicletas, aunque no era lo que les daba el pan de cada día era un oficio que al padre le gustaba y le dejaba un dinero extra en sus días de descanso, además entretenía a sus hijos y cuando corrían con suerte veían jugar a su equipo de fútbol preferido mientras parchaban una llanta o enderezaban un rin; por su parte, el padre de Antonio se la pasaba bebiendo y desde tempranas horas se escuchaba la música a todo volumen por las ventanas que permanecían abiertas y colindaban con la calle frente a la recamara de María, ya entrada la noche, cuando estaba pasado de copas, el volumen aumentaba solo para mitigar los gritos y golpes que le propinaba a su esposa, luego el hombre llamaba a su primogénito, a quien le invitaba una cerveza a pesar de su corta edad, y le enseñaba que esa era la forma de tratar a las mujeres. A Antonio no se le permitía ser amable y tierno, ser un niño y crecer como tal, era obligado a ser un hombre violento, comenzando con sus hermanas y su madre.

¿qué podían esperar las niñas de su escuela?, o el resto de los niños que para él eran tratados con “delicadeza”

Los vecinos fueron testigos de todo el maltrato infantil y violencia familiar que se vivía a puerta cerrada, nadie decía nada para evitar enfrentar a ese hombre violento, es más nadie llamaba al número de emergencias con el pretexto de reportar la música a alto volumen por las madrugadas y que eso pudiera “salvar” a la mujer de las golpizas, y a pesar de que los gritos de las hermanas de Antonio suplicando al papá que dejara a su madre eran desgarradores, nadie hizo nunca nada. Total estaban acostumbrados a que cada fin de semana era lo mismo y en cualquier momento el hombre se iba a calmar y la música iba a terminar; aunque a las niñas jamás les pegaba, hubo ocasiones en que el padre obligaba a su Antonio a hacerlo.

Cuando tenían 13 años, Víctor y María estaban muy emocionados de que estudiarían en la misma les secundaria y lo que mejor estarían en el mismo salón, de alguna manera ella se sentía protegida, ya que para su mala suerte Antonio también iba a estudiar con ellos, y es que a pesar de que ella en todo momento lo evitaba, encontrárselo en la tienda de la esquina era un tormento, se burlaba de ella por ser una mujer, ya que ese niño creía que todas las hijas y madres era tratadas de la misma manera a cómo ocurría en su casa; ella convivió más con él desde la primaría y siendo vecinos, ahora también compañero en la secundaria, no era algo que le agradaba mucho, pero todo sería diferente ya que su mejor amigo iba a estar con ella y juntos iban a poder evitarlo, es más pensaba que estando todo el tiempo a lado de Víctor, sin necesidad de decirle nada, Antonio solo se iba a alejar de ella.

Los primeros meses fueron tormentosos para Víctor y María, el acoso de Antonio hacia ambos iba en aumento y a diferencia de la primaria donde María fue una de sus víctimas, Antonio ahora tenía “amigos” que coincidían con la educación que recibieron en casa: las mujeres estaban para servir a los hombres y el hombre que las tratara con respeto no merecía ser llamado hombre era simplemente “un marica”. Eso era Víctor para Antonio por lo que el bullying ahora también era contra él, sus agresiones iban en aumento. Todo esto agravado por las bandas que ‘lideraban’ grupos en aquella escuela secundaria.

Los maestros no pudieron hacer mucho, sabían de la situación de Antonio en su casa y, reaccionando igual que los vecinos, esperaban a que con el tiempo el niño se cansara y solito se calmara. No pasaba más allá de una llamada de atención y amenazas de que sería expulsado, cosa que nunca sucedió. Mientras, los padres de Víctor y María les pedían que lo evitaran y no lo provocaran, aunque ya habían hablado con la madre de ese niño, ya que con el padre era imposible cruzar palabra, sabían que la señora solo los escuchaba y no tomaría medidas, pues ella estaba para servir a los hombres de su casa, no tenía voz ni voto, ya que tanto el marido como el hijo la insultaban.

Ellos en su hogar eran la autoridad

La noche del 23 de febrero del año 2010 todo cambió, los adolescentes cursaban el segundo año, Víctor cansado del acoso de Antonio y sus dos amigos, desobedeció los consejos de sus padres y retó a su hostigador a una pelea afuera de la escuela, si ganaba Víctor, Antonio y sus amigos estaban obligados a dejarlos de molestar, ese era el trato. Cuando por fin salieron de clases, los niños doblaron la esquina alejándose de la entrada principal del plantel para evitar ser vistos por los docentes y autoridades municipales que brindaban vigilancia a la hora de la salida, María tomó la mochila de su amigo y en un abrir y cerrar de ojos ambos jóvenes estaban parados uno frente al otro, poco a poco los amigos de Antonio comenzaron a aventarlo hacia su “rival”, quien lo recibió con un golpe en la cara, Víctor llevaba la de ganar y de eso se dieron cuenta cuando a Antonio comenzó a sangrar de la nariz, eso fue el termino de la pelea. Pero Antonio no podía llegar a su casa así y mucho menos quedar mal frente a sus amigos, así que obligó a sus amigos que le ayudaran a golpear a Víctor.

Cobardemente el pacto fue roto y tres niños golpeaban a uno solo, otra veintena de niños los rodeaban y los alentaban, María trataba de ayudarlo pero todo pasó tan rápido. Los niños que no tenían acceso a un arma de fuego, se se habían preparado para ese momento, portaban bolígrafos, un pica hielo y su “líder” llevaba un cúter, así que tiraron a Víctor al suelo y cada uno le enterró su arma en el pecho.

Dos lesiones provocadas con lapiceros y pica hielo debajo de las costillas del lado izquierdo y otra más del lado derecho comprometieron la vida de Víctor. Cuando su playera blanca del uniforme comenzó a llenarse de sangre, el resto de los menores asustados corrieron y pidieron ayuda a las autoridades que se encontraban a unos metros vigilando la salida del plantel.

Entre el escándalo, Antonio corrió hasta perderse, algunos mencionaron que se fue directo a su casa donde su padre lo ayudo a “fugarse”; los otros dos agresores fueron señalados por María y otros niños, fueron detenidos en el lugar. Los policías municipales de inmediato solicitaron una unidad médica, ya que Víctor estaba en el suelo agonizando, algunos policías tomaban declaraciones a los menores, mientras algunos padres de familia al enterarse comenzaban a llegar, todos pidiendo que no fueran sus hijos lo que estaban involucrados en la sangrienta pelea que mantenía al borde de la muerte a un estudiante.

 

¿Quién fue el culpable de la muerte de Víctor?

La ambulancia finalmente llegó, María permanecía cerca de su mejor amigo, dio unos pasos hacia atrás para que fuera atendido, ella lo alentaba, le pedía que no cerrara los ojos ya que la pérdida de sangre lo estaban haciendo entrar en shock y se desvanecía por momentos, pero cómo siempre, sacaba fuerzas para demostrarle a ella que estaría bien, abrazando la mochila  María lo vio por última vez cuando era subido a la ambulancia.

Finalmente, Víctor fue trasladado a un hospital, sin embargo las lesiones fueron mortales y mientras era intervenido perdió la vida en el quirófano, la noticia fue devastadora no solo para sus padres o para su amiga, sino para los habitantes de Playa del Carmen, algunos quienes se enteraron esa misma noche por los mismos niños testigos, el resto por los encabezados de los periódicos locales que circularon al siguiente día, los padres de familia culpaban principalmente a los maestros por no prestar atención y poner una solución a las quejas de los niños, ya que era bien sabido que tres bandas autonombradas “Los Cachorros” “Los Sureños” y “Los ML” eran causante de desestabilizar y perturbar con sus actos vandálicos a los estudiantes. Sin embargo solo los más allegados sabían que había detrás de todo ese comportamiento violento y agresivo de Antonio, que también fue fomentado en la secundaria por integrantes de una de estas pandillas.

Esa triste noche y muchas otras más María no logró dormir, la primera fue porque no aceptaba la noticia de haber perdido a su mejor amigo, en su interior trataba de imaginar que solo se trataba de una mala broma, aunque el ser testigo de la mortal pelea la hacía regresar a la realidad, por otra parte esperaba desesperadamente el cuerpo de su mejor amigo, y lo que más la aquejaba era que a pesar de lo grave del asunto, el padre de Antonio se encontraba bebiendo como cada fin de semana, ventanas abiertas y la música a todo volumen, los insultos y malos tratos hacía su esposa, ahora eran lamentos y golpes contra la mesa, a pesar de haberlo obligado a su hijo a crecer como un hombre agresivo, ese padre se preguntaba en qué había fallado si siempre le había dado todo, esas palabras llenaban de coraje a María y al resto de su familia, quienes no podían evitar escucharlos por vivir a unos metros de distancia.

Esa noche, los padres de ambos niños se conocieron y por primera vez cruzaron palabra, el padre de Víctor llegó hasta el domicilio de Antonio acompañado de policías, pidiéndole que entregara a su hijo, quien le había arrebatado la vida al suyo, pero ese hombre quien siempre lo enseño a defenderse y someter a las mujeres y los más débiles, ahora no sabía cómo reaccionar, lo negaba todo y decía que no sabía dónde estaba, incluso permitió que las autoridades entraran a buscarlo, obviamente no lo encontraron.

Algunas personas mencionaron que mientras la familia de Víctor estaba afuera del hospital esperando noticias sobre el estado de salud del menor, Antonio llegó a su casa y luego de escucharse gritos por parte de su madre, golpeada por el padre al culparla de no haberle dado una mejor educación, vieron llegar un taxi local, era un familiar que iba por Antonio para esconderlo en otra ciudad.  

Las clases fueron suspendidas al siguiente día, alrededor de 200 niños de ambos turnos, algunos acompañados de sus padres, se dieron cita en una funeraria, todos portando el uniforme de la escuela secundaria donde cursaban, la mayoría llegó con flores de diferentes colores y poco a poco se iban acercando hasta el ataúd gris forrado de terciopelo para despedirse de su compañero, quien debajo de su uniforme escolar llevaba puesto el de su equipo de fútbol favorito. Algunos montaban guardias por minutos en las esquina del féretro y eran reemplazados por otros, era su manera de mostrar su respeto hacia su compañero. No todos tuvieron la suerte de conocerlo pero el dolor, el miedo y lo que vivió los identificaba, asimismo daban el pésame a los padres destrozados que no daban crédito a lo que estaban viviendo.

Poco antes de las 11:00 de la mañana, la carroza fúnebre se estacionó a la entrada, nadie tuvo que decir nada, era la señal de que Víctor iba a ser llevado a su última morada, ante eso una docena de menores ingresaron y rodearon el féretro al que la madre se aferraba, los niños sacaron un balón y una camiseta de su equipo favorito de Víctor, la playera la pusieron sobre el ataúd, el cual en medio de  los gritos y llanto de una madre destrozada fue cerrado, el balón fue llevado en las manos de un amigo que encabezó la caminata con dirección a la iglesia donde se ofrecería una misa para pedir por su eterno descanso. 

Los vecinos de ambos niños fueron parte del contingente y por supuesto estaba María, quien se aferraba y abrazaba la guitarra de su mejor amigo, quien yacía al interior de la caja.

Hombres, mujeres y, principalmente, estudiantes caminaron bajo el sol detrás del féretro, alrededor de ocho menores cargaban el ataúd en hombros sobre una principal avenida, cuatro menores cargaban dos coronas de flores, una en cada costado de la caja encabezando el cortejo, frente a los restos de Víctor iba un compañero llevando el balón de fútbol que le habían regalado y trataba de hacer acrobacias como el ídolo de Víctor a quien imitaba siempre que tenía la oportunidad de estar en una cancha, ya sea de la escuela, algún parque o simplemente improvisada cerca de su casa. Su mejor amiga, María, iba acompañada por dos niñas más, le había comprado un ramo de rosas blancas, a las que por momentos se acercaba tanto a su boca como si les hablara tratando de darles un mensaje de despedida para Víctor.

El silencio se iba rompiendo conforme se acercaban a la capilla y los rostros tristes cambiaban a miradas de coraje e impotencia, mientras llegaban al cruce de principales avenidas los estudiantes molestos gritaban pidiendo justicia.

En la homilía de cuerpo presente el párroco, en ese entonces Pablo Pérez Guajardo, invitó a los estudiantes a no tomar como modelo de vida la del crimen organizado, sino la bondad organizada, y pidió “que se organicen para participar a favor de la sociedad y de los más necesitados”.

Al salir de misa, el féretro nuevamente fue llevado en hombros hacia el camposanto, en el trayecto sus padres pidieron pasar frente a su casa que, aunque no era la manera en que les hubiera gustado llevarlo de regreso, solo querían que de alguna manera él se despidiera de su hogar y por supuesto, no podía faltar, la cancha de fútbol donde jugó cientos de veces con sus amigos y donde entrenadores lo estaban esperando para decirle adiós.

Finalmente, llegaron hasta el cementerio donde su madre pudo verlo una vez más, los gritos y el llanto de la mujer que le había dado la vida y ahora tenía que regresar a casa sin él, hicieron que quienes habían permanecido en calma soltaran las lágrimas. Poco antes de que el ataúd fuera cerrado para siempre María colocó el ramo de rosas blancas en sus manos y mientras era sepultado, sus amigos, quienes tenían un alma inocente, pedían que se expulsara de la escuela a los responsables del homicidio, sin comprender realmente la magnitud del problema.       

Fin del ciclo escolar

Para muchos niños, el resto del ciclo escolar no volvió a ser el mismo, muchos iban con miedo, otros como María se sentían obligados a asistir hasta terminarla y cada día revivían la tragedia cuando las autoridades continuaban investigando e interrogando a los posibles testigos. Todos los días al ingresar al plantel, sus mochilas eran revisadas por elementos de la Policía Municipal, que reforzaron el operativo “Mochila Segura”, medida que ya había sido implementada por el entonces director de Seguridad Pública, Rodolfo del Ángel Campos, debido a los antecedentes delictivos en algunos centros escolares, para muchos este procedimiento no servía de nada, ya que Víctor fue agredido con los mismos lapiceros con los que tomaban nota en clase.

Un año después, Antonio fue detenido en otro estado y, al igual que sus dos amigos arrestados el día de los hechos, fue turnado ante la Fiscalía para Adolescentes por homicidio, debido a su edad no podía ser juzgado como adulto y la pena máxima que podría alcanzar era de cinco años.

En la clausura del ciclo escolar la tragedia no fue recordada por autoridades escolares, sin embargo, muchos sabían que hubo niños que no lograron concluir sus estudios de secundaria, como Víctor y Antonio.